Diario de un Confinamiento – Capítulo 99: el de la graduación

Lunes, y así en mayúsculas. Qué duro es madrugar el primer día de la semana. Llevas la inercia del “finde”, esa en la que el reloj es secundario. Y claro, el domingo por la noche pareces un búho, pendiente de todo a tu alrededor y con el sueño a otra cosa. Creo que han sido poco más de 5 horas las que he conciliado el sueño, o al menos el intento, porque qué calor. 

Hoy se anticipaba otro día apacible de trabajo, y así ha sido. Ningún sobresalto, y todo listo para el primer cierre de mes post-Covid. Que me hace gracia la expresión de “post”, porque estamos aún en una pandemia, lo que al igual que un huracán o un tsunami, ya no somos el epicentro, y estamos reconstruyendo lo que el fenómeno devastador, ha dejado a su paso. Pero sigue haciendo estragos por el mundo. 

El noticiario relaja las cifras. 3 fallecidos y hemos vuelto a bajar del centenar. La tendencia al alza en los contagios, puede que vuelva a decelerates. Al menos en nuestro país. Pero ojo, que ya estamos expuestos al público extranjero, y sin medidas de cuarentena. Eso quiere decir, que ahora, más que nunca, hemos de ser conscientes del peligro que nos rodea. 

Ya vemos primeras vacunas y tratamientos en el mercado. EE.UU, pone precio a su primer vial, el Remdesivir (que el nombre se las trae), con un precio de 390$ y siendo un tratamiento de 5 días, superaría los 2.000$. 

Hablando de nombres “trambólicos”, China ha aprobado el uso interno, y para el ejército, de una vacuna para el virus. Hasta ahí bien, son avances, y hay que ver resultados a corto plazo. Tal vez para después del verano, esto haya tomado un rumbo más esperanzador. Lo que me asusta (por decirlo de alguna manera), es el nombre de la compañía biofarmacéutica, además con la ironía y perspicacia que me caracteriza, se llama CanSino Biologics…, nada más que añadir, señoría. 

Hoy Laura ha ido a por el título. ¡Ya es graduada! Unas notas envidiables y merecidas, durante 2 años ha sido trabajar y estudiar sin parar. Hasta gastó 15 días de vacaciones para estar día y noche estudiando en la biblioteca. Y con un Erasmus truncado por una pandemia, al igual que las prácticas, al fin puede decir que es Educadora Infantil. Ahora a tocar puertas y puertas, y esperar que tras alguna de ellas le espere la oportunidad de demostrar que es brillante. 

He llegado a casa del trabajo, algo ko. El sábado me dio conjuntivitis en el ojo izquierdo. Por lo que adiós a las lentillas por unos días/semanas. Además he tenido todo el día dolor de cabeza y de estómago, vamos, como una flor. Por lo que barajaba aguantar la tarde o rendirme a Morfeo y hacer una siesta. 

Pues como soy de interpretar señales, ha sido llegar a casa y que se fuese la luz. He mirado el diferencial y todo correcto. La segunda comprobación clásica, abrir la puerta del rellano y mirar si hay luz en la escalera. Tampoco había, eso sí, he salido en gayumbos, y la vecina salía a comprobar lo mismo, ha sido una conversación algo incómoda… 

Por lo que eso era el destino que me decía, vete a dormir, total qué vas a hacer si no hay luz. Nunca le llevo la contraria a mi destino. Me he puesto suero fisiológico en el ojo, y así también lo tenía limpio e hidratado. Que cuando tienes conjuntivitis y te levantas de dormir, la cantidad de legañas son exponencialmente preocupantes. 

Y ya me he levantado algo más repuesto para ir a entrenar. Que bueno, el plátano que me he comido para merendar, lo he tenido presente durante todo el entreno, no se puede merendar media hora antes de empezar a correr (nota mental). Hoy nos ha dado caña, las sentadillas y las abdominales han vuelto a ser las protagonistas. Eso sí, ejercicios muy variados, pero para machacar lo mismo. La camiseta era azul cielo, y he vuelto a casa que era azul marino… Hoy hemos cumplido el primer mes completo de entreno, y estoy más que orgulloso, las agujetas ya son parte de mi vida…

Mis pensamientos hoy están en que hay que ser consciente de lo que decimos, y, sobre todo, de lo que queremos decir. Escuché una frase (la cual no cito textualmente, y he modificado un poco a mi modo), que decía “Las palabras son como las balas, una vez disparadas no se pueden retroceder. Y siempre tienen un impacto”. Es por eso que debemos ser conscientes que las palabras hieren, que pueden ser un arma y que pueden hacer mucho daño. Pero también pueden sanar, enseñar, guiar y hacer la felicidad. Depende de uno mismo el hacer el bien o el mal con el ingenio propio. ¡Fuerza!

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