Diario de un Confinamiento – Capítulo 97: el de la foto de White Lines

La tranquilidad del fin de semana. La tranquilidad de no tener prisa. Nos levantamos, tomamos café. Leemos la prensa. Y el ritmo del día ha de ser así. Sin prisa y sabiendo que el reloj no es importante (sólo para llegar a la hora de comer que hemos quedado). 

El único problema ha sido ese mismo, leer las noticias. Porque volvemos a ver que seguimos con casi 2 centenares de nuevos positivos. 3 fallecimientos… Y una normalidad que para nada es normal, y una evolución, que para nada es alegüeña.

El coche arranca a la primera. Y, la verdad, que no arrancaba tan bien desde hacía mucho tiempo. Lo que como uno se acostumbra, pues con que arrancase ya era suficiente. Pero es cierto que ahora va mucho mejor. Todo un alivio que después de otra visita al mecánico, parezca que la cosa va bien. 

Nos vamos a comer con los antiguos compañeros de Laura. A lo más estilo de White Lines. Porque nos vamos a Camp de Mar. Bueno,  según la serie, hoy voy a ir de Mallorca a Ibiza en coche, porque como toda representa Ibiza, pues me ahorro el ferry. 

Comemos en el restaurante La Illeta. Un sitio privilegiado en una roca, que para llegar a ella hay que pasar por una pasarela de madera. Todo muy idílico, y un rincón más de nuestro paraíso particular.

La paella estaba correcta, pero he de decir que me consuela que no era una paella “para guiris”, porque hay sitios a los que se le debería caer la cara de vergüenza.

Engañar a la gente con comida tan nefasta…, que ni representa un estándar, ni representa nuestra gastronomía. 

Ha sido una sobremesa larga. 3 horitas allí, y con la parsimonia de que no había prisa alguna. Hemos reído, hemos hecho fotos por doquier (no lo puedo evitar). Y bueno, ya tenemos siguiente plan (aunque más low cost, porque los precios eran acordes a las vistas). 

Por la tarde nos vamos a casa de los amigos. Tarde de charla y cena completamente casera y bio. Venir al agroturismo de Cris y Andrés, es una relajación. Sin ruido de la ciudad en kilómetros a la redonda, sin vecinos. Lo único que se oyen los pájaros y, con el calor que hace, chicharras. Toda una desintoxicación urbana. 

Mis pensamientos hoy están en que alejarse, mínimamente, de lo cotidiano. Hacer cosas distintas a las que nos arrastran a la rutina, hacen recargar las energías. Retomar fuerzas, y eso, ahora más que nunca, es indispensable para nuestra salud mental. ¡Fuerza!

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