Diario de un Confinamiento – Capítulo 94: el de las 2 realidades

Mis capítulos se encaminan a su fin. He prolongado un poco más el diario, debido a que estamos en una situación de incertidumbre. No hemos superado nada, simplemente hemos estabilizado un poco el tema. Y dependiendo de la zona del globo en la que nos situemos. Es por ello que creía, y aún creo que la palabra confinamiento, y título de mi diario, aún sigue muy presente y acechando con volver a ser protagonista de nuestras vidas. 

Pero bueno, viendo que la tendencia sigue siendo “vamos a hacer lo que nos de la real gana”, y que al parecer hasta Punta Ballena se plantea actividad. Pues creo que el preocuparse es un lujo que nos permitimos unos pocos. Somos los locos que respetamos las medidas, y somos los exagerados que se escandalizan por una sociedad irresponsable. 

Al menos ayer se evitó una masificación en las playas, por la noche de San Juan. Cosa que me sorprende. Eso o que no he sabido rebuscar o consultar las fuentes adecuadas, para ver que en algunos puntos la gente sí fue a las playas. Sea como fuere, sólo se pide conciencia. 

Hoy otro día estresante en el trabajo. Mañana evento importante. Imagino que quien más y quien menos ya se habrá enterado, porque la prensa y la televisión, sobre todo, local y autonómica, se ha encargado de gritarlo a los cuatro vientos.

Otro hito para el sector, y para la cadena. Hay que apostar fuerte por la recuperación, y más sabiendo que el primero que arranca a andar es el que marca el paso, y el que marca el camino. Iberostar en esta ocasión, y en muchas otras, vuelve a ser pionero. 

He salido y el calor sofocante era palpable. Cuando iba camino al coche, que hoy me he tocado aparcar en Cuenca, eso no falla, festivo y no se mueve ni un coche. Da igual haber pasado una pandemia, que eso es matemática pura. Pues cuando estaba a punto de llegar al coche, veo que viene un chaval hacia mi. Yo llevaba la mascarilla puesta (a riesgo de asfixiarme), él no. Cruzo la acera porque tenía el coche en el otro lado. Él también. 

Me para en mitad de la carretera, yo automáticamente le doy a abrir el coche, como simbolizando “he cruzado porque mi coche está ahí”, gesto que sale natural. Y me dice “¿hablas español?”, a lo que le contesto “un poco”…, yo soy así, la ironía siempre por delante. Eso es como el que me hace una pregunta obvia, pues se lleva una respuesta obvia, véase “estoy en el water, orinando, y te preguntan: ¿qué haces?…, qué le vas a contestar, ¿la declaración de la renta?”. Lo dicho, la ironía nunca falla. 

Pues al ver que le podía entender, me dice súper exaltado, “¿¡te has enterado que el bus ya no vale 1,50€!? ¡¡¡Ahora vale 2€!!!. Le he mirado con cara entre incredulidad y pasotismo. Y le digo, “qué locura”…, me pide 50 céntimos porque no le llegaba.

Además me pide disculpas por no llevar la mascarilla puesta. Así que nada, le he dado 1€ porque me ha hecho bastante gracia. Además hay que hacer buenas acciones cuando se te presentan. Yo me pregunto, ¿cuándo narices pondrán el bus con tarjeta? Las nuevas máquinas de la ORA ya van con tarjeta…, tan adelantados para unas cosas y tan torpes para otras. 

El noticiario me da la razón, y es por eso que este diario sigue. Se duplican casi los contagios, y nos dicen que han fallecido 2 personas. Además se evidencian nuevos síntomas que se creen provocados por el coronavirus, y señalan al tracto digestivo. Hay mucha tela aún por cortar en todo esto. 

Se hacen eco las amenazas de un nuevo confinamiento. Y es que hasta el Alemania decían que si la tasa de contagio por cada 100.000 habitantes, seguía ascendiendo, España recularía. Así que eso aún me da más la razón en cuanto a que estamos jugando con fuego, y no me refiero a las hogueras improvisadas de San Juan que he visto por Instagram. 

Parece que la gente que sigue en ERTE, evidentemente no hablo de todos, ni mucho menos, pero sí lo he escuchado en primera persona. Pues parece que así están muy bien, que esperan aguantar así hasta septiembre y poder disfrutar de un “verano de puta madre“. Así, tal cual, sin tapujos, ni conciencia, ni remordimiento. Vamos, pandemia y confinamiento a la carta. Señor, ¿cómo quiere su ERTE? Pues mire, póngamelo de 6 meses, al 100% y ya si eso que no me afecte a la declaración del año que viene. ¡Marchando otro que se cree que esto es una broma!

En fin…

Esta tarde última clase de entreno de la semana. Me mataban los cuádriceps, así que la clase de abdominales que nos hemos marcado me ha venido medio bien. Bien porque no he machacado más las piernas, y mal porque mañana no podré ni incorporarme de la cama. Pero poco a poco estamos cogiéndole el pulso, y poco a poco aguantamos más el tirón. Hoy no he mirado la hora en toda la clase, por lo que ha sido todo un logro. Eso sí, en la báscula aún no hay unos resultados notables, pero no hay que perder las ganas. 

Mis pensamientos hoy están en los que, como yo, creen que viven dos realidades. La que vemos en la TV, en la prensa, en las redes. La que cuentan por miles, los muertos a nivel mundial, y todo con un denominador común, el coronavirus. Y luego la otra realidad, la que veo por las calles. Playas abarrotadas en la que la distancia es inexistente (y no vale la excusa del ángulo en el que lo mires). Las terrazas, los bares y las calles. Locura por muestras de cariño y afecto. Si como yo, hay gente que cree que vive dos realidades de dos sociedades distintas, que por alguna razón que no alcanzo a entender, coexisten siendo antagónicas la una de la otra, tranquilos que no estáis locos. ¡Fuerza!

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