Diario de un Confinamiento – Capítulo 93: el de la no-revetlla de Sant Joan

Ya las rutinas hasta son por la mañana. Me levanto con sueño. Así como puedo llego al baño, me lavo la cara para ver quién es el que me mira del otro lado del espejo. Me visto (la mayoría de ocasiones sin combinar los calcetines). Y me voy para el parking a por el coche. También en la mayoría de ocasiones dejándome algo, y teniendo que volver a subir. 

Ese sueño mayúsculo, también se debe a que ayer aguantamos y vimos e programa de MasterChef del tirón. Costó un par de cabezadas, pero evité posibles spoilers. Ya sólo quedan 2, y los que quedan eran más o menos los que esperaba. Ya sólo me sobra Alberto o Luna. Lo siento por la señora (y encima nos hizo llorar un par de veces ayer), pero ya tocaba que la expulsaran, además fue la única prueba de eliminación a la que se ha enfrentado. Y eso creo que es lo que ha hecho que llegase tan lejos.

Ha vuelto mi normalidad. Al menos por las mañanas. Luego en el trabajo, sigue siendo una montaña rusa, en la que a veces las vías están horizontales, y otras veces hay hasta loopings. Pero hasta eso acabará siendo rutinario. Una vez que el día a día de los nuevos procedimientos, se hagan de manera mecánica, otro hábito adquirido. Por el momento aún no ha pasado. Faltan bastantes repeticiones. 

Al menos las jornadas parece que no hay que extenderlas. Que ya es decir. Y parece que apretando durante todo el día, y con los contratiempos a los que estamos acostumbrados, es posible cuadrarlo en 8 horas. Eso sí, entre el calor que nos ha traído este verano, y la mascarilla que hace de mordaza (con material reciclado 100%, claro), el cansancio cobra otro nivel.

Del entreno de ayer, y al que dije: “pues yo tengo bastante bien las piernas”. Mentira, tengo otra vez un dolor, bueno, rectifico, agujetas, esta vez sí. Muy interesante lo del boxeo, pero mantener la posición siempre para golpear con la izquierda primero, hace una sobrecarga en la derecha de tres pares de narices. Mañana vamos a flipar como repitamos tandas. 

El noticiario no nos da alegrías. Ni mucho menos. Un fallecimiento y poco más de un centenar de contagios. Eso sigue, aparentemente la tendencia. Eso sí, en Zaragoza también hay otro paso a Fase 2.

Y ahora el nuevo mapa interactivo es de rebrotes. Por lo que no me cuadra una tendencia a la baja y rebrotes varios.
Pero cómo vamos a confiar en los datos. Si hoy ha habido un terremoto en México, y en un sitio dan la magnitud de 7,1 y en otro de 7,5. Ni un dato que no es interpretable, hasta eso lo tergiversan o lo modifican…

Qué pena que tengamos que dudar de todo, y qué pena que para leer una noticia, tengamos que ser nosotros los que hagamos el periodismo de investigación. Pero es eso, o ser unos aborregados. 

Esta noche es la “no revetlla de Sant Joan”. Tantos años quemando deseos en la hoguera, haciendo ese primer baño a las 00:00h., y este año totalmente atípico. Pero bueno, ya veremos si realmente impiden que se pasen las “recomendaciones” de la nueva normalidad por el forro. Como lo hace la gente cada día. Porque ya hemos visto lo que ha pasado esta mañana en Menorca, ni distancia, ni mascarillas, ni nada… Qué pena…

He tenido que llevar a mi padre al médico esta tarde. Rutinario. Pero como el médico tiene 2 consultas, una en el centro y la otra de Llucmajor, nos ha tocado elegir. Y no, la lógica de la más cercana, en este caso no ha valido. En la de Palma hay escaleras y en la de Llucmajor no. Así que para Llucmajor que nos hemos ido. A  la vuelta me dormía por el camino, el cansancio, el Sol, y la ausencia de mi siesta recuperadora… Y mi padre que tampoco da demasiada conversación…

Por la tarde café con Luis. Ya tocaba ponerse al día. Mira que da conversación cierto temas, ¿eh?. Y nosotros que somos de analizar y desmenuzar cualquier cosa.

Qué agradable es coincidir con gente tan parecida y a la vez tan diferente a ti. Es súper enriquecedor. Pero lo importante es poder hablar y hablar y que nunca se acabe el hilo. Buena charla, amigo. 

Mis pensamientos hoy están en recuperar los cafés eternos, las largas charlas de verano y el no saber en qué hora te encuentras. Eso es parte del significado de un verano auténtico. Y eso es lo que le da sentido. Vamos a intentar recuperar y conservarlo, para que este verano 2020, o el verano más atípico que nos toca vivir, no tenga porqué ser el peor, ni mucho menos. ¡Fuerza!

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