Diario de un Confinamiento – Capítulo 91: el del fin del mundo

Es domingo, siéntate con un buen café y un libro, y respira. Así me he levantado este domingo de verano. Ya estamos en verano. Se presenta como el verano más atípico que recordamos, y que probablemente hayamos vivido. Ansiado y temido a la vez. No podremos hacer muchas de las cosas que hacíamos en años pasados. Pero de seguro que lo viviremos intensamente. Siempre que hagamos las cosas bien. 

Hablando de lecturas. Ayer guardé la publicación de “The Guardian” con los 10 mejores libros de las dos décadas de este siglo XXI. No hay escritores conocidos a vox populi, pero he leído sinopsis de lo más interesantes. Según los vaya consiguiendo y empezando, ya iré comentando. Siempre y cuando, aún siga escribiendo mis memorias anticipadas. 

Además de empezar el verano, hoy, según los mayas, vuelve a ser el fin del mundo. He de decir que en los más de 35 años que llevo por este mundo, he vivido cantidad de fines apocalípticos. El más sonado, el del año 2000 y el cambio de siglo. Hemos tenido catástrofes anunciadas para todos los gustos y públicos. Y bueno, viendo la estupidez humana, para algunos sería lo mejor que podría pasar…

Porque hemos pasado 3 meses de una pandemia que nos tendría que haber hecho mejores personas. Pues hemos aprendido una manera nueva de joder nuestro planeta, con mascarillas y guantes por doquier…, estamos abocados a la autodestrucción. Y nos lo merecemos por egoístas y por cerdos. Ojo, que siempre lo digo para los desconcienciados. Los que tenemos principios e intentamos hacer bien las cosas, somos el daño colateral de esos asquerosos. 

Hoy comida familiar. Mis padres y mis tíos. Siempre es más que agradable las conversaciones dispares, y nunca me canso de rodearme de gente tan buena. Eso sí, las digestiones siempre son duras.

Además hoy hemos ido con mi padre por la calle, y la verdad que poco a poco camina más seguro. Quién nos iba a decir hace 5 meses que volvería a caminar por su propio pie. Cuánto sufrimos, y, sobre todo, cuánto sufrió para hoy poder volver a dar un paso. 

Que otra vez ha salido el tema de mi tatuaje. Que ahora en vez de uno, ya voy por dos. Al menos la idea está ahí. Y mi padre ya se ha vuelto a poner como un miura. Aunque hoy ha sido menos tajante.

Y a mi que me gusta que me toquen las palmas, y tocarlas, pues no puedo ni entrar al trapo, ni sacar el capote. Por lo que ya tenemos la fiesta montada. Y mi madre animando el espectáculo con su “los que marcan son las reses”. No hay para aburrirse. 

Por la tarde hemos quedado con Mar para una tarde de juegos de mesa. Hoy han sido 2, el Monopoly de Disney. En el que en vez de calles hay películas y los billetes del Tío Gilito. Laura ha arrasado y nos han dejado desplumados (nunca mejor dicho, ya que en los billetes sale un pato). Parece que ha encontrado la versión que se le da bien. Porque siempre que hemos jugado a la versión normal, acababa mal vendiendo y sin un céntimo. 

Y el otro ha sido el Doble. Un juego de lo más simple, pero de lo más entretenido. Ágil, dinámico y partidas relámpago. Una buena tarde de reír y de no pensar en nada más. Ni en que el mundo está del revés. Que los intereses de los de arriba, son prioritarios a las necesidades de los de abajo. Un soplo de aire fresco, además alejarse del centro e irse cerca de la montaña, es ganar vida. Sigo pensando en encontrar una casa, y sé que llegará y podré marcar otro check de los indispensables de vida. 

Mis pensamientos hoy están en que si hoy se acaba el mundo, estaré satisfecho porque sé que siempre he ido con el corazón por delante. Muchas veces me ha pasado factura el actuar y luego pensar, pero soy impulsivo. Me quedaría tranquilo porque nunca he tomado la opción que más me convenía si perjudicaba a alguien. Y si hoy fuese el fin del mundo, me quedaría tranquilo porque toda la gente a la que quiero, lo sabe y se lo he demostrado, aunque no siempre haya sido de la manera más clara. ¡Fuerza!

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