Diario de un Confinamiento – Capítulo 62: el de la tarde de juegos

He soñado que tenía una deuda de 1.500 € de pintura, ya me dirás tú, de pintura que no he comprado en la vida. A raíz de eso me bloqueaban el móvil. Y recuerdo hacer una videollamada con mi casera y mi peluquero (sí, por alguna extraña razón, estaban juntos), en la que les decía que me ampliasen el margen para pagar.

Supongo que sueños así, serán recurrentes en las parte de la población. 
Luego iba con un coche, recuerdo circular por calles con mucha inclinación. Recuerdo también que era un coche gasolina, por el recorrido del embrague. Y blanco (vamos que mi coche no era). Era una zona llena de camiones de obra, y recuerdo que tenía que irme rápido de allí, alguien quería encontrarme y yo no quería que me encontraran. En el trayecto que hacía (que recuerdo que era hacía una ciudad que estaba a unas 4 horas), bordeaba la ladera de una montaña, con un carril semi asfaltado en el que apenas cabía el coche. La tensión al volante por el intentar no hacer mal ninguna trazada, era la latente. 

También he soñado con un amigo, con el que al parecer tenemos una conversación pendiente. He soñado que estaba en el back de una recepción de un hotel (por la distribución y lo que recuerdo, diría que era el back del hotel Iberostar Ciudad Blanca). Que nos veíamos y nos saludábamos, pero casi sin hablar porque teníamos una reunión (que las salas estaban bajando unas escaleras…, las escaleras eran las del Playa de Palma, pero las salas las del Cristina). 

La sensación que me quedaba de este paseo por alguno de los hoteles en los que he estado, y he trabajado, es que no hay que procrastinar las cosas. Me he despertado acto seguido de ir hacia dichas salas, y sentía que las cosas no se pueden quedar inacabadas, porque es necesario ponerle un punto a cualquier tema que haya pendiente. 

Por último he soñado con otra amiga, a la que hace mogollón que no veo. Recuerdo que nos escribíamos por otra conversación pendiente (parece que se acumulan las conversaciones, al menos en el subconsciente). Nos escribíamos y aclarábamos un par de puntos, para finalmente que me dijese si nos veíamos para hacer un poco de pan con aceite…, ya, el menú es 0 sofisticado, pero imagino que los sueños en épocas de crisis son así.

Tanto sueño me ha hecho levantarme con energía (o al menos un poco más despierto, sin necesidad de plantearme la existencia durante media hora para saber qué está pasando y dónde estoy). Desayuno, lavadora, fregar los platos (que ayer tocó cocinar, y ya se sabe que para cualquier plato que se cocine, se utilizan casi todos los útiles de una cocina…). En tiempos de confinamiento, y superados los 2 meses, sacar energía es el nuevo challenge. 

Hay algo que ni una pandemia nos hace cambiar, y es que la gente que era cochina antes, lo sigue siendo ahora. Siempre me he tapado la boca para toser o estornudar, tal vez no lo hacía en el interior del codo (que queda una imagen como la del aterrizar de un súper héroe, por cierto), pero lo que nunca he hecho es estornudar al aire, como si de un aspersor se tratase.

Pues a día de hoy (hace media hora mismo), la gente lo sigue haciendo. Estaba sentado en el balcón viendo pasar la mañana, y hasta 3 personas han pasado estornudando como si de un concurso de esputos se tratase…, y luego nos sorprende que no haya un mundo mejor. 

El noticiario hoy nos deja otra evidencia de que los números son aleatorios…, El Mundo nos indica 50 fallecidos, mientras que el HuffPost 48. No puedo entender ese cachondeo y poca seriedad con algo tan triste como la muerte de personas. Les he escrito un tweet con ambos medios etiquetados, sabiendo que pasarán de mi por hater, pero me parece muy lamentable. El becario de fin de semana se sigue coronando. 

Comida y tarde de juegos de mesa con los amigos. Gracias chicos, no sabéis lo que importa algo tan cotidiano. Y durante este rato, todo ha sido normal, pero qué es normal…, al menos durante un rato puedes evadirte de todo lo que tenga que ver con coronavirus, todo lo que tenga que ver con lo que ha trastocado la vida del mundo entero. Y además poder pasar el día en Alaró, escuchando los pájaros cantar y el sol poniéndose por las montañas, recarga las pilas más que cualquier vídeo de ayuda de YouTube. 

Aquí también han llegado las 20:00h., y tampoco se ha oído un alma. Quien de verdad ha interiorizado lo que estamos viviendo, no necesita un recordatorio. No necesita que cada día nos recuerden los héroes de nuestro presente, y no necesitan que nadie se esfuerce por imponernos ninguna realidad. Los héroes siguen al pie del cañón como el primer día, pero así ha sido desde mucho antes que un confinamiento nos haya abierto los ojos, o al menos a algunos. Y esos son los que hoy merecen que tengamos en mente, hoy y siempre. ¡Fuerza!

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