Diario de un Confinamiento – Capítulo 56: el del currículum

Las noches son mucho más tranquilas, pese a la situación, la realidad es que es nuestra nueva rutina. Eso sí, la espalda la tengo baldada, el colchón pide un cambio a gritos (desde hace un par de años), y eso será en lo primero que invierta cuando mi economía también vuelva a la normalidad (o al menos nos sea economía de ERTE). 

Hoy he ido a casa de David, finalmente y tras 4 años he probado la paella que me habías dicho en tantas ocasiones, tienes el aprobado (para ver la foto podéis ir a @deleitandos en Instagram). 

Qué raro se hace el socializar, pese a que es algo más que común y de nuestro día a día (pre-pandemia), retomarlo tras más de 2 meses de confinamiento se hace arduo complicado. La verdad es que es apabullante el volver a estar en sociedad (aunque sea con distancia y algo más frío de lo habitual). 

Partida de Trivial (de los años de Ana Obregón y Davor Suker). Y, ¡oye!, nos ha quedado una tarde de lo más agradable. Qué ganas de ir recobrando nuestras vidas y el timón pleno de nuestras decisiones e impulsos. 

El noticiario nos deja la noticia de la bajada de la barrera de los 100 fallecidos (si bien es cierto que esperaba que fuese hace, aproximadamente, una semana). Nos deja es una tendencia mucho más optimista en cuento a la evolución de las fases y el transcurso de ellas. La constante a la baja debe ser permanente para que todo esfuerzo tenga sentido. 

La gente a veces confunde la creatividad con el absurdo. Ayer le preguntaron de Fernando Simón que si añadir que se ha superado el coronavirus (y por lo tanto se es inmune), sería de recibo para incluirlo en el currículum… Pero vamos a ver, cuál se supone que es el valor añadido que aportas a una oferta de trabajo…, ¿la inmunidad? Lástima que no se sea inmune a la estupidez…

De vuelta a casa he escuchado los aplausos desde el coche. Las 20:00 h. me han cogido de regreso. El fin de semana ya ha sido de desescalada (dentro de la distancia requerida), en cuanto a visitas. Y ya de vuelta a casa, me siento seguro. Es increíble que tengamos la sensación de protección, desarrollada y tan férrea en casa. Nos va a costar poder decir “hemos vivido” y no estamos viviendo un confinamiento. 

Por el momento las cosas, en pequeñas dosis, con prudencia, distancia, gel desinfectante y la mascarilla cuando sea de menester. 

Mis pensamientos hoy están en los que por un instante han olvidado lo que estamos viviendo, y se han sentido, plenamente, libres. ¡Fuerza!

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