Diario de un Confinamiento – Capítulo 53: el de las primeras veces

Otra noche de sueños de lo más entretenida. Soñaba que al primer sitio que iba tras el confinamiento (de comercio), era a El Corte Inglés. Lo recuerdo abarrotado de gente y, sobre todo, la sensación de inseguridad. Allí me encontraba con David y Alejandro, nos sentábamos en una mesa a hablar, ellos dos delante mía y dejábamos los móviles en la mesa (como siempre), pero claro, esta vez teníamos la paranoia de que se podían contaminar. 

Después recuerdo una especie de camino (porque era más estrecho que una calle), pero asfaltado. Había gente a ambos lados de la calzada, mucha. Era como si hicieran vida allí mismo, y a la vez eran ladrones, rateros…, gente amiga de lo ajeno. Recuerdo que yo llevaba un patinete (estilo de los años 80/90, que eran pequeños, cabía un pie y poco más). Me paraban a mitad de camino para quitármelo, me increpaban, pero tras darle muchas vueltas y hablar y hablar, me iba de allí. 

Eso me recuerda a cuando era niño, como en algunos trayectos hacia casa, o de vuelta del cole, pasaba por zonas algo “peligrosas”, véase la Soledad o Son Gotleu (y cualquiera que haya ido a San José, recordará lo que era cruzar ese puente). En varias ocasiones intentaron “atracarme”, lo pongo entrecomillado, porque siempre eran proyectos de matoncillos que se creían los reyes del mambo. Y en todas las ocasiones salí con todas mis pertenencias e ileso, la labia es una buena aliada para mentes cortas que no son capaces de procesar, ni razonar. 

El último sueño era con mi buen amigo José Peralta. Creo que nunca he discutido tantas veces, ni de forma tan acalorada con nadie (y los amigos que han estado presente en tantas ocasiones, me darán la razón, todos menos José, que siempre encuentra la manera de discrepar). Aún lo quiero por encima de cualquier discusión. Pues estábamos en una de nuestros debates por cualquier cosa, y de repente nos encontrábamos mal. Recuerdo una sensación de malestar general y de indisposición. Lo siguiente era una cama de hospital y ambos con los ojos hinchados y suero… (similar a una reacción alérgica). 

En cuanto a la actualidad de lo que nos rodea, sigue la tendencia de fallecimiento en aumento y volvemos a superar las 200 personas (he de reconocer que no lo esperaba, y que entre ayer y hoy esperaba incluso que bajásemos de 100…). Y haciendo unos números sencillos, esos fallecimientos nada tienen que ver ni con los runners, ni mucho menos con las terrazas… Por lo que, tristemente, puede ser mucho peor. El futuro inmediato a todo esto es bastante pésimo. 

Pero es que es cierto que la desescalada no viene dada porque ya no haya riesgo ni al contagio ni a la muerte, la desescalada viene dada por la capacidad de los hospitales a hacer frente a futuras infecciones, intentando no colapsar… Y viendo la felicidad y descontrol de la gente, creo que eso no lo tienen del todo claro. 

Leía esta mañana, que un virólogo hacía el símil del covid-19 (es la primera vez en 53 capítulo que lo escribo), con el VIH o el sarampión. Un símil con un motivo, llegaron para quedarse y se “convive” con ellos, se sabe su existencia, los riesgos y se los conoce. Y es que en el juego y batalla contra este coronavirus entran en juego dos variables fundamentales, el sistema inmune y los tratamientos efectivos (mientras llega la ansiada vacuna, que nunca he escuchado tantas veces el “le queda un año”). Porque al fin y al cabo no podemos vivir esterilizándolo todo, porque es imposible. Tan sólo estamos intentando ganar tiempo, y dárselo a los científicos. 

Esta mañana tenía que acompañar a mi madre con el coche, cerca de San Fernando. Laura ha aprovechado y también se ha venido ya que el bar de La Palma está otra vez “abierto”, y lo digo así porque la señora que lo regenta (un amor de mujer, a la que le deseo toda la suerte del mundo, aunque yo no crea en la suerte…), tan sólo tiene un par de sitios de “terraza” fuera. Así que se apaña con algunos cafés para los clientes habituales que pasan a darle apoyo. Y claro, después de tantos años y que para Laura esos clientes y esa señora se han convertido en una segunda familia, había que darle fuerzas. 

Ha sido raro ir los 3 en el coche. Con mi madre sí que he ido en alguna ocasión de estos meses (sobre todo por el tema hospital), pero con Laura desde marzo que fuimos juntos a la última compra, no se había vuelto a montar en él. Algo tan cotidiano como coger el coche para ir a tomar algo, o dar una vuelta…, hasta eso habíamos perdido. 

He aprovechado el trayecto y he ido por Paseo Marítimo, ya que iba primero para la zona de Santa Catalina. He vuelto a ver el mar después de 60 días. He abierto la ventana (y pese a la mascarilla), y he vuelto a oler el mar, y más en un día de lluvia, que tiene ese olor especial. He vuelto a ver la Seu, la que he fotografiado cientos de veces. He vuelto a pasar por delante del Hogan’s, que tantas noches, cervezas, nachos y conciertos hemos vivido (¿verdad Alejandro?). 

Después de la pandemia que estamos viviendo, de lo duro de un confinamiento que, pese al motivo que lo haya llevado, ha sido forzoso. Hemos echado tantas cosas y a tantas personas en falta, que volvemos a tener primeras veces. Quién nos iba a decir que las cosas que estaban en nuestro día a día, iban a cobrar tal magnitud que se sientan como una primera vez. Pues esto no hemos de ignorarlo, hemos de sentir y salvaguardar lo importante de las cosas y las personas a las que queremos. Porque hoy es posible, y tal vez mañana sea tarde. 

Cuando vivimos todas nuestras primeras veces importantes, de experimentar, sentir, viajar…, todas eran nuevas y la sensación la procesamos más adelante. Ahora tenemos la oportunidad de volver a sentir un instante de aquello que de alguna manera nos marcó. Vamos a ser conscientes. 

Hoy nos quedaremos en casa, no hay paseo. Le he dado caña a la elíptica (como intento cada día, y cada día un poco más), y al menos no he estado estático. Aunque he de admitir que he dormido algo de siesta, sí, culpable.

Pero con la temperatura más suave porque este día lluvioso, me apetece seguir la lectura, y relajarme un poco. Laura aún tiene que terminar algunas cosas de la primera parte del trabajo para el título, y mañana lo entrega. Así que tarde en casa (que total, ya estamos más que acostumbrados). 

Las 20:00h. suenan más aplausos que los últimos días, imagino que el día gris ha mantenido a la gente en casa. Mis pensamientos están en poder revivir muchas primeras veces que tanto estamos echando de menos y tanta falta nos hacen. ¡Fuerza!

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