Diario de un Confinamiento – Capítulo 43: el de la fase REM

7 horas de sueño me han dado para levantarme con “recuerdos” de lo más dispares. Soñaba que el aceite Ybarra había quebrado (que ojo, no hay interesas personales ni les deseo mal), y que me consultaban alternativa, y recuerdo que aconsejaba el aceite Carbonell (y eso que ni lo compro en casa). Tal vez sea interesante ver si cotizan en bolsa. 

Soñaba que estaba acompañado de alguien (no identifico quién) y que estábamos en una especie de centro comercial (con más gente con la que había que fingir que me caían bien). Recuerdo ir a un parking público (similar al cubierto de Son Espases) y me llamaban para decirme que moría mi abuela. Muy angustioso, revivir la sensación de la muerte de mi abuela, que hace años que nos dejó. 

Y lo siguiente que recuerdo es estar por un camino, de repente había construcciones con muchas escaleras (pero en un entorno antiguo y descuidado). Para finalmente llegar a una especie de plaza redonda y excavada en la tierra (con columnas en tonos magenta desgastado), que resulta que era la plaza central de Stalingrado (que a pesar de ya no existir, yo no he estado nunca en Rusia). 

Vamos, que por las noches es un no parar. Hay para todos los gustos. Y eso que hay que tener en cuenta que los sueños son más claros en la fase REM del sueño.
Las noticias mantienen los mismo fallecimientos de un día a otro. Y no digo números similares, no, concretamente 164 ayer domingo, y los mismos hoy lunes.

Después de los 399 de primero de marketing, ¿qué probabilidad hay de que fallezcan las mismas personas en 2 días consecutivos?.

Es que da pavor pensar que los números se arrojen de una manera tan, aparentemente, arbitraria. Pero bueno, ya hace semanas que digo lo de que el becario de fin de semana, el contar no es su fuerte…

Supongo que mañana martes tendremos un repunte que superará las 200 personas (probablemente dirán que es una actualización del fin de semana). Unas tendencias y unas estadísticas de lo más macabras, porque nunca hay que olvidar que hablamos de vidas. Y con tan sólo contar 1, ya es una pérdida irreparable. 
Ayer experimentamos una sensación de lo más rara. Hacía 51 días que Laura y yo o salíamos juntos (y no, no me refiero a sentimentalmente, sino a la acción física).

Era algo tan cotidiano, que nunca pensábamos que de nos privaría de ello. Una sensación buena, sin duda, pero muy extraña. 

Esta semana de Fase 0 (aunque como ya dijo el gobierno cuando presentó las fases, ya estábamos en ella, sin saberlo), va a ser el preámbulo de lo nuevo que nos viene. La semana que viene tendremos, después de casi 2 meses, una nueva realidad. Hay muchas ganas de cosas mejores. 

En cuanto a las salidas, ayer David me pasaba lo que han bautizado como “síndrome de la cabaña”. Hay mucha gente que tiene reticencia a pisar la calle. El razonamiento general es “no tengo necesidad de salir”. En mi opinión sí es necesario salir. Hay que afrontar nuestra realidad, lo que estamos viviendo. Aunque cada uno tiene que llevar sus ritmos, tampoco es necesario forzar, pero sabiendo que hay que enfrentarse a las inseguridades. 

Hoy ha tocado volver a recuperar las rutinas de casa. Arreglar el desagüe de la lavadora (que me falta una cinta aislante mejor). Un par de muebles y le he dado otra vuelta al lavavajillas (sin éxito, por lo que hay que seguir fregando a mano…). Ya hemos escuchado hasta la saciedad que hay que estar ocupado, pero tras tanto tiempo necesitamos cosas nuevas. 

Tarde de Skype, conexión Londres, los amigos en este confinamiento han sido la receta para la cordura. Los chats, las videollamadas…, más que nunca hemos visto el valor que siempre hemos sabido que tienen los amigos. Qué ansias de poner volver a estar juntos. 

Las 20:00h. y hoy pocos están en los balcones, entiendo que la gente está pensando más en el paseo que va a dar que otra cosa. Mis pensamientos, y más bien tímida esperanza, en que la gente cobre la responsabilidad que parece que tanto le cuesta, para no retroceder en lo que tanto nos está costando. ¡Fuerza!

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