Diario de un Confinamiento – Capítulo 2: Los juegos del hambre

Me levanto e intento que sea todo “normal” con un sueño cambiado voy al baño me lavo la cara, las manos (compulsivamente, porque ahora que hemos aprendido a lavarnos bien las manos vamos a intentar quedarnos con el hábito)…, me visto y es momento de repasar periódicos, publicaciones de blogs que sigo y publicaciones en redes sociales…, quitando las noticias que saltan excepcionalmente en los avisos del móvil procuro no dedicarle más que esa media hora intensiva al día…, y como es de esperar los haters me aburren, no es momento de atacar, es momento de remar todos a una (y ni eso entendemos), por suerte hay amigos que llenan su time-line de noticias esperanzadoras, ellos son la resistencia que ahora necesitamos!

Me llama mi madre, una de las llamadas del día porque nuestra situación es aún más atípica que la de la mayoría (si cabe) ya que mis padres están en el hospital desde hace más de 2 meses por unas complicaciones de mi padre (tras una rotura de tibia, peroné y tobillo, como si de un futbolista se tratase) y le operarán por cuarta vez el martes que viene haciéndole un injerto de piel (la historia es extremadamente compleja y retorcida que me daría para un capítulo entero, así que en otro momento). 

Como si los juegos del hambre se tratase me dispongo, gel desinfectante en mano y guantes, a ir a hacer la compra de productos indispensables (no tengo un arco pero sí la fuerza de Peeta para que el pack de agua y de leche no toquen el suelo en ningún momento).

Las sensaciones son como poco chocantes, llegas a la puerta del Eroski y cuando vas a entrar como de costumbre, una chica con una amplia sonrisa te dice “caballero hay que desinfectarse las manos antes de entrar”, y tú te dices “guau, esto va enserio” y amablemente le digo “gracias, llevo mi bote de viaje de micky rellenado de desinfectante”. 

Ya por los pasillos procuras no acercarte demasiado a nadie, evitas pasillos en los que hay 2 o 3 personas mirando artículos y piensas “vamos, compro lo que necesitaba deprisa y para casa”…, te paras en la charcutería (y es que el embutido si no es cortado no es lo mismo) y se te eterniza lo que antes te daba más igual, una linea te separa de los expositores y piensas “la voy a cruzar para coger mi compra porque como no tenga poderes aún no he aprendido a mover cosas sin tocarlas…”, pero lo entiendes…

Salgo y me dispongo a terminar la compra en el Lidl (no había de todo lo que necesitaba y además, con la psicosis de no tocar ni un carro ni una cesta, necesito 2 viajes para toda la compra), me meto en el coche, me desinfecto las manos, el volante, el cambio de marchas y a por lo que queda de compra. 

Entro con unos guantes nuevos, en esta ocasión no había chica de desinfección si no una mesa con desinfectante (estilo Cristasol de superficies y guantes estilo los de la fruta), compro las 4 cosas que me quedaban pendientes y me pongo a hacer cola, se me sobresalta el corazón cuando otro cliente se pone casi pegado a mi en la cola y me empieza a contar que la policía nacional está fuera revisando qué compra la gente para ver si es de primera necesidad, mi cabeza me empieza a decir “qué hace este tan cerca, ni en una situación cotidiana me gusta que se me acerque tanto gente que no conozco, ¡menos ahora!”, y encima con fake news, porque salgo del Lidl y nadie a la vista, ya me dirás qué necesidad hay de crear bulos sinsentido…

El resto del día ha sido darle caña a la trastienda del blog, porque ya tenía oxidado el utilizar wordpress y me ha costado un poco, e intentar luchar contra Iberia para que me devuelva las tasas aeroportuarias del viaje a México que no pude hacer, pero eso me parece que me va a costar un poco más…

Una hora y nos reuniremos todos en nuestra cita diaria, nuestra cita de aplausos más que merecidos a los que velan por nosotros directa o indirectamente y aplausos que deben pesar y hacer agachar la cabeza a los que no saben estar a la altura y de una manera u otra han generado riesgo en el presente que nos encontramos. 

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