Diario de un Confinamiento – Capítulo 101: el del fin del diario

Hoy arranca julio, ese mes que psicológicamente nos sitúa de pleno en el verano. Y qué verano se presenta este 2020. El verano más turbulento que podamos imaginar. Pero esperemos que pese a todo, sea verano. Haya cierta libertad, y podamos disfrutarlo. 

Mi capítulo de ayer hizo de antesala al de hoy. De preámbulo de una despedida anunciada. El de hoy, mi último capítulo, y con el que cierro este diario 101 días después. Espero y deseo no tener que reabrirlo, ello significaría que volvemos a estar confinados. Y significaría que hemos perdido esta primera batalla contra el coronavirus. Sin descartarlo, confío en que no sea así. 

De estos más de 3 meses, hemos visto número de todas las realidades. Lo de ahora, y la nueva “moda”, son los rebrotes. Suelen ser de una decena o menos, pero rebrotes al fin y al cabo. Hoy 8 fallecidos (al igual que ayer), y 149 contagios (50 más que ayer). Siguen siendo unas cifras elevadísimas para el panorama que queremos plantear a corto plazo. 

A partir de este 1 de julio, se acabaron las restricciones dentro de la UE con España (incluso con Portugal). Los vuelos ya se cuentan en centenares. Incluso en el trayecto de vuelta a casa ya me he encontrado el típico coche de alquiler, perdido y temerario, sin tener ni idea de dónde va… Las veces que he conducido en otros países, he sido prudente, no inútil…

Todas las predicciones que he creído posibles, y que aquí he expresado, en cierta manera se han cumplido todas. Las fechas y la magnitud de la “nueva normalidad”, y algún que otro apunte más.

¿Qué veo para el corto/medio plazo?
Pues no es sencillo. Lo que me parece, y siempre hablo desde mi punto de vista, es que va a ser una carrera a contra reloj, estos primeros 15 días de julio. Aperturas relámpago, reservas descontroladas, y una frenética ansia de venir a veranear. Por lo que, como ya comenté en alguna ocasión, creo que un 80% de la planta hotelera abrirá este mes de julio. 

Eso es un arma de doble filo. Por un lado más que positivo. Puestos de trabajo, y gente que sale de los ERTE. Por el otro, la masificación teniendo que mantener una distancia prudencial y ciertos aforos, es una incongruencia. Y lo peor, no creo que el cliente extranjero sea más responsable, de lo que ha demostrado el español, una vez que le han “abierto la puerta”. 

Los próximos 2 meses van a ser de trabajo duro. El problema, septiembre. Si hay una catástrofe que tenga la palabra “coronavirus” en el titular, nos va a costar muy, mucho, el volver a levantar la cabeza. Y no será hasta 2021 que volvamos a “reactivar” nada. 

En este último capítulo, no puedo no decir lo que he repetido hasta la saciedad. Hay que ser más responsables. La mayoría de los rebrotes se dan en fiestas y reuniones privadas. Cosa que no entiendo es que se realicen botellones masivos, ¿no están prohibidos desde hace años? Recuerdo en mi post-adolescencia que por beber en la calle multaban. Parece que habrá retrocedido la ley… Hace falta más mano dura, y como siempre he dicho, si no le afecta al bolsillo, la gente no aprende. 

Voy a procurar disfrutar también del verano. De nuestra isla. A diferencia de las lamentaciones de la gente que este verano no va a viajar, yo en verano no viajo nunca (somos de hostelería). Así que aprovecharemos nuestras playas y nuestras calas. Aunque creo que tienen las horas contadas para que no las volvamos a ver hasta la bandera. Ya veremos ese control de aforos…

Va a ser un verano muy, muy atípico. Pero va a primar lo que estos meses se puso tan presentes. La familia, los amigos y los pequeños momentos. Hemos aprendido a tener a nuestros seres queridos lo más cerca posible, pese a que nunca nos habían obligado a estar separados. Hemos procurado recalcular prioridades, y algo que creo que ha sido lo más importante, nuestro sueños han cobrado una magnitud alcanzable. Y eso se ha hecho posible, porque lo que creíamos corriente se convirtió inalcanzable…, un abrazo, una cerveza con los amigos, un paseo por la playa…

Sólo los que hemos entendido esos detalles de este confinamiento, hemos aprendido algo. Los que ahora cometen los mismos errores, absurdos y vacíos que antes, han perdido una de las lecciones más importante de sus vidas. Aunque aún hay tiempo de saber que nada, será como siempre. 

No voy a dejar de escribir, me gusta demasiado. Pero como también he dicho en más de una ocasión, y mucha gente me ha animado, quiero escribir un libro con todo esto. Eso me llevará mucho más tiempo que el capítulo de cada día, de unos 4/5 minutos de lectura (según LinkedIn). Pero creo que merece la pena, una pandemia no se vive todos los días…, y ojalá no hubiésemos tenido que vivirla. 

Seguiré escribiendo semanalmente (o con una periodicidad diferente, ya veremos). Seguiré contando mis cosas. Y, sobre todo, seguiré viendo el mundo que me rodea con esa ironía y ácida realidad, como hasta ahora. Pero es momento de cerrar esta etapa que tan difícil ha sido para todos. Este diario hoy llega a su fin. 

No sin antes agradecer a todo el que en alguna ocasión me ha leído. Y, como no, a los que lo han hecho a diario, los que han estado espectantes día tras día, para saber qué se pasaba por esta cabeza inquieta que la naturaleza me ha dado. Ha sido una experiencia muy enriquecedora.

He recibido mogollón de mensajes que guardaré como el mejor premio a este escritor amateur. Ha sido todo un placer acompañar a todo el que ha querido seguirme en este confinamiento que intentó hacernos perder la cordura. 

Y haciendo mención a un libro infantil (pero que como “El Principito”, también es una lectura para los mayores), de Patrick McDonnell ~ Gracias y buenas noches. 

¡Fuerza!

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