Diario de un Confinamiento – Capítulo 100: el del centenario

El capítulo de hoy es especial, son 100 días escribiendo sin parar. 100 días en los que ha habido de todo y, sobre todo, cosas nunca antes vividas por nadie de nuestra generación. 

Es por eso, que el capítulo de hoy no va a ser como ninguno de los 99 anteriores. No voy a contar ninguna anécdota que me haya podido pasar, ni las cotidianidades elevadas a la máxima potencia. 

Hoy es uno de esos días de reflexión profunda. Es como en ese momento del día de nochevieja, que no tiene porqué ser durante las campanadas y el ejercicio de comer uvas sin morir en el intento. No, puede ser en cualquier momento, y cuando llega nos ponemos a hacer balance del año. Qué hemos logrado, qué nos ha faltado, qué queremos conseguir… como reza la canción de Mecano, un año más. 

Pues hoy es uno de esos momentos. Hoy se cumple el centenario, en días, en los que comencé a escribir para tener la cabeza centrada. Para saber que esto nos estaba afectando a todos, y para saber que pese a la dureza de la situación, nadie estaba solo en esto. 

No estoy feliz de decir que se ha cumplido el día 100 del diario. No, porque los fallecimientos se cuentan por miles y cientos de miles. No estoy contento porque esto no ha acabado. Siguen falleciendo personas, siguen rompiéndose familias por el dolor y la pérdida. 

Nosotros no estamos en el foco. No, pero hay países que se encuentran peor de lo que nosotros hemos conocido. Verdaderas catástrofes. Y es por eso que hoy, tras estos 100 días de reflexiones y de hablar a pecho descubierto, me paro y miro semanas atrás. 

Esto nos ha marcado (y nos seguirá marcando, porque seguimos caminando, torpemente, por el filo de la navaja). Todos y cada uno de nosotros somos distintos a como éramos en marzo. Todos hemos vivido ansiedad, incertidumbre, miedo, rabia, impotencia…

Hemos visto como un país entero ha sacado fuerzas de flaqueza. Y por un instante, la solidaridad, el reconocimiento y la complicidad entre extraños se hizo real. Pero lo bueno dura un instante…, y ese instante ya pasó. 

Pero hoy, 100 días después de escribir el primer capítulo de un confinamiento, que nunca esperé ni creía vivir, digo que soy diferente. No sabría decir si mejor o peor. Porque tampoco sabría identificar qué es lo que he cambiado, lo único que tengo claro es el motivo por el cual he cambiado. ¡Fuerza!

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